Hoy soy ese animal salvaje, torturado por los puñales del frío reproche y herido por el silencio y abandono. Hoy soy ese animal peligroso que lanza dentelladas a todo lo que se acerca. Hoy salto a las gargantas para que los cuerpos se queden fríos y yo vuelva a estar sola.
Y mañana, después de ser consumida por el odio, me inundará la pena que ahogaba con la rabia. Mañana lloraré por haber mordido aquello que me era conocido, que en un tiempo fue abrazo y cariño, pero que hoy está frío. Quieto y frío.
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sábado, 13 de julio de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
Trozos
Me siento completamente dividida. Siento que soy un conjunto de trozos unidos por hilo irrompible, y cada pedazo tira en una dirección diferente desesperadamente. Me abruma. Me colapsan todas las direcciones que tengo frente a mi -qué deberías hacer, qué quieres hacer, cuál es más importante, cuál no puede esperar, cuál siente que no puede esperar...-
Soy un montón de trozos en el que cada uno no quiere aceptar a los otros. Solo tiran y tiran intentando romper el hilo para escapar, pero el hilo no puede romperse, yo no puedo perder a lo que es parte de mi.
Soy un montón de trozos en el que cada uno no quiere aceptar a los otros. Solo tiran y tiran intentando romper el hilo para escapar, pero el hilo no puede romperse, yo no puedo perder a lo que es parte de mi.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Piezas y engranajes
Y por primera vez he dudado.
Por primera vez me ha asustado esa posibilidad.
Por primera vez he temido que se haga real.
Por primera vez he temido al futuro:
he temido nuestro final
martes, 4 de diciembre de 2012
Defensas
Es la rabia que prende en mi pecho, como un incendio descontrolado o un caballo desbocado. Es la máscara inexpresiva anclándose en mi rostro, justo un segundo después de percibir peligro. Es el escudo de acero alzándose contra el enemigo al notar el mínimo impacto. Es la mano que aparta la lanza y la otra que golpea tu cara.
¡Atrás! gritan mis ojos, que arden en un pequeño instante, como la chispa del mechero que no lo prende, pero que está lista para encenderlo. Atrás, no te atrevas a seguir. No te acerques más, te lo advierto. No sigas por ese camino o no me volverás a ver en él.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Invierno
Ayer me acosté con miedo y ese miedo sigue hoy comiéndome las entrañas. Es un miedo frío y lento, como una voz pastosa que intenta gritar sin poder emitir sonido.
Temo que la emoción no brille ya en tus ojos y me aterra la idea de que yo me haya convertido en una pequeña parte de tu rutina. Y aunque llegar a ser tu rutina sigue siendo uno de los deseos que más imploro me aterra no destacar en ella. Me aterra que tus ojos tan solo se fijen en mi unos segundos antes de volver a desviar tu atención, pero sobre todo me entristece pensar que pueda no llenarte de luz tu vida como lo hice en un principio.
Me entristece pensar que ese día llegará,
pero me mata creer que ya haya llegado.
lunes, 15 de octubre de 2012
Verde podrido
Caminaba
por la calle atravesando la noche y a las personas, como un ánima. Nada le
llamaba la atención a su alrededor, ya no. Caminaba mirando al suelo gris.
De
repente se detuvo, el camino se había acabado. Miró por primera vez para saber
dónde estaba. Estaba en la cima de una pequeña colina. Frente a ella se extendía
ante su mirada una inmensa llanura llena de cosas: las casas donde había vivido
y la casa donde aún vivía; las personas con las que había estado y aquellas a
las que todavía veía; los lugares donde había estudiado y donde aún estudiaba;
también estaban los caminos que había recorrido, pero no conseguía ver el que
tenía que recorrer, o no quería verlo.
Volvió
sobre sus pasos y deshizo el camino caminado. La gente la miraba y ella les
devolvía una mirada cargada –cargada de cansancio y apatía- con aquellos ojos
que antes eran marrones y ahora eran verdes oscuros, como podridos, como una
planta a quien alguien ha regado demasiado con lágrimas.
martes, 12 de junio de 2012
Nuestra propia Roma
A veces un imperio no cae
a manos de invasores enmascarados
que escalan sus murallas
a manos de invasores enmascarados
que escalan sus murallas
o a causa de fuegos que se extienden
o de inundaciones crecientes.
o de inundaciones crecientes.
A veces se muere por dentro.
Y así murió nuestro propio Imperio: no hubo guerra, no hubo inundaciones ni llamas que nos quemaran vivos mientras todavía perdurábamos.
Nos moríamos poco a poco de hambre, marcando más y más las costillas contra la pálida piel. Nos apretábamos el cinturón para sostener las apariencias. Nos engañamos insistiendo en que nuestra enfermedad no nos roía los huesos, pero en realidad nos consumimos con el tiempo, con cada respirar.
Fue la inestabilidad de nuestro gobierno, nada de presión externa, sino el descontento del pueblo.
Fueron siglos de debilidad y agonía, o eso me lo parecieron.
Fue la caída de nuestro Imperio Romano.
martes, 29 de mayo de 2012
Exigencias
Algunas personas siguen creyendo que las flores crecen por sí solas. Otras incluso insisten cada día para que éstas formen más y más hermosos pétalos, de vivos colores y redondeadas formas. Insisten incluso cuando la planta decide escavar hondo y tragar tierra para encontrar el agua que necesita.
Años después, creo yo, la planta estará tan resquebrajada que se partirá con la primera tormenta de verano y no sobrevivirá al próximo invierno.
Lo hermoso de esta historia será verla resurgir de aquellas raíces que, aun así, decidió formar. Como la hierba que nace de la capa de nieve, como la vida que reaparece con cada primavera.
Años después, creo yo, la planta estará tan resquebrajada que se partirá con la primera tormenta de verano y no sobrevivirá al próximo invierno.
Lo hermoso de esta historia será verla resurgir de aquellas raíces que, aun así, decidió formar. Como la hierba que nace de la capa de nieve, como la vida que reaparece con cada primavera.
lunes, 14 de mayo de 2012
Llueve, Lluvia
Sólo quiero volver a casa a llorar a mi piano. Que él me escuche y me consuele, y que luego me cante hasta que me quede dormida.
Ya es demasiado tarde para quererte, a ti, tus disculpas o tu cambio.
Que llueva, que llueva tanto que nazca un río entre nosotros. Rápido y fuerte. Tan profundo que no puedas cruzarlo. Tan aterrador que me de miedo mirar hacia atrás.
Tan sencillo como suena esto.
Pero la realidad no es así de fácil ni nuestra melodía tan clara.
Y tú, extranjero. No me preguntes, no me consueles. No quiero nada. Déjame un tiempo.
Lluvia, llueve.
domingo, 13 de mayo de 2012
¿?
Míranos, ¿es que no nos ves?
Escúchanos, siéntelo.
Sin ser consciente te quedas mirando esa foto en la que nos miramos el uno al otro, profundamente, de alma a alma. ¿Recuerdas cómo te sentías en ese instante?
Rescátalo, saboréanos. Somos el olor a verano. Somos la primera lluvia de primavera. Somos la marea que rasga las rocas. Somos esa fuerza que pararía el tiempo. Somos la brisa que juega entre nuestras manos. Somos el sabor de la sal en los labios y la caricia de la hierba sobre la que nos recostamos. Somos las estrellas a las que admiramos.
Somos las horas del mar, que no acaban, que giran y giran, sin gastarse.
Escúchanos, siéntelo.
Sin ser consciente te quedas mirando esa foto en la que nos miramos el uno al otro, profundamente, de alma a alma. ¿Recuerdas cómo te sentías en ese instante?
Rescátalo, saboréanos. Somos el olor a verano. Somos la primera lluvia de primavera. Somos la marea que rasga las rocas. Somos esa fuerza que pararía el tiempo. Somos la brisa que juega entre nuestras manos. Somos el sabor de la sal en los labios y la caricia de la hierba sobre la que nos recostamos. Somos las estrellas a las que admiramos.
Somos las horas del mar, que no acaban, que giran y giran, sin gastarse.
You're -only- in my head...
viernes, 27 de abril de 2012
Hoy la Tierra es plana
Acabo de darme cuenta de que ya no me duele ni me afecta tu ausencia. Casi agradezco su silencio: No hay nada que turbe la quietud de este mar, pues todo ha caído ya más allá del horizonte. Ya no queda nada que pueda arrastrar la corriente, no hay llanto que llore en la noche, no hay lágrimas ondulen la lisa superficie verde marina. Sólo yo, en el medio de todo, en el centro de nada.
lunes, 12 de marzo de 2012
Frío
No sé cuánto tiempo llevamos sentados al borde de la cama. Cada uno sentado en una esquina, porque no hay más cama para alejarnos. Las sábanas revueltas hace tiempo que se quedaron frías.
No sé cuánto tiempo llevamos callados. Yo me acaricio el pelo y mis pies barren la alfombra. Tú simplemente callas. Callas, callas y callas, como has estado haciendo todo este tiempo.
Yo sigo confundida. Sigo herida. Sigo sintiendo que si me levanto no volveré. No, porque tu silencio ya lo dice todo. Si fueras capaz de rebatir lo que hemos discutido ya lo habrías hecho. Simplemente espero, espero a que el sueño me venza y caiga inconsciente sobre las mantas para que, al despertar, despierte de una de mis peores pesadillas.
No sé cuánto tiempo llevamos callados. Yo me acaricio el pelo y mis pies barren la alfombra. Tú simplemente callas. Callas, callas y callas, como has estado haciendo todo este tiempo.
Yo sigo confundida. Sigo herida. Sigo sintiendo que si me levanto no volveré. No, porque tu silencio ya lo dice todo. Si fueras capaz de rebatir lo que hemos discutido ya lo habrías hecho. Simplemente espero, espero a que el sueño me venza y caiga inconsciente sobre las mantas para que, al despertar, despierte de una de mis peores pesadillas.
domingo, 11 de marzo de 2012
Tormenta
Cuando la situación nos desborda, cuando el aire se acaba y las olas te ahogan, ya nada te importa.
Quizás eso hace más fáciles los finales.
Quizás es porque, al perder la conciencia, no llegas a verlos del todo.
lunes, 6 de febrero de 2012
Consumida
Se levantaba sin energías. El despertador insistía, ¿pero acaso había dormido? La ducha no la sentía, el café no la sacudía.
Con las ojeras derretidas, sus pómulos hundidos y la piel abatida, sus ojos apagados miraban la concurrida autopista. De madrugada en la carretera, soñaba con volar lejos y dejar atrás los coches y las vidas con las que se cruzaba en aquella atascada rutina.
Con las ojeras derretidas, sus pómulos hundidos y la piel abatida, sus ojos apagados miraban la concurrida autopista. De madrugada en la carretera, soñaba con volar lejos y dejar atrás los coches y las vidas con las que se cruzaba en aquella atascada rutina.
Se enredaba ahora con las palabras
tal y como ocurría en los cuentos que de pequeña leía.
jueves, 2 de febrero de 2012
Desvelo
La noche gruñía con voz de aire de tormenta y crujidos de árboles. Las afiladas hojas de los pinos golpeaban furiosas la ventana, envidiosas de hallarme resguardada. Pero allí, con el café ya frío entre las manos, la única luz que alcanzaba a ver era la fugaz y naciente luna entre nubes que la atravesaban a toda velocidad y, a lo lejos, brillantes farolas que parpadeaban amenazando con apagarse.
Despertando del letargo de mi hipnótico miedo, me bebí de un trago aquel líquido frío y volví la mirada a las hojas que mis manos manchadas de tinta aplanaban antes de continuar escribiendo. Y así, la inquietante noche que me envolvía se transformó en una pesadilla para mis personajes de ficción, y no pude evitar preguntarme si mi historia también estaría siendo escrita en ese momento y qué dirían para justificar mi desvelo.
lunes, 23 de enero de 2012
Secretos y rutinas
La primera vez que la vio a través de la ventana fue casualidad. Nunca se había fijado en sus vecinos, nada le llamaba especialmente la atención y agotaba las horas hasta que morían. Pero una noche de final de verano, mientras paseaba dando patadas a las piedrecitas de la acera, alzó la mirada hacia la última casa de la calle y la vio. Se estaba recogiendo el pelo en una coleta alta que hacía que su cabello cayera como una cascada sobre su espalda. Llevaba una camiseta gastada y grande, era todo lo que podía ver a través de la ventana. Se quedó allí, observando cómo ella paseaba por el cuarto iluminado recogiendo cosas y devolviéndolas a su lugar hasta que apagó la luz. Él permaneció allí durante unos minutos, y su paciencia fue recompensada. La chica volvió, sin encender la luz, y se sentó al borde de su ventana, con una taza entre las manos y un cuaderno sobre las rodillas. La observó escribir y beber mientras la nubecilla de humo que salía de la taza bailaba a su alrededor. No supo cuanto tiempo permaneció allí, de pie, hasta que la chica terminó la bebida, cerró el cuaderno y desapareció en las profundidades de su cuarto. Esa fue la primera vez que la vio. Volvió cada tarde para ver cómo el ocaso se consumía a través de aquella ventana, soñando que un día ella le vería y bajaría. Soñando que podría decirle cuánto le fascinaba.
Meses más tarde, como cada noche, acudió a la esquina de la calle y la vio aparecer de nuevo. Volvía a recogerse el pelo en una coleta y volvía a vestir ropas viejas y holgadas. Sin embargo, aquella noche no cogió su cuaderno ni la taza caliente. Aquella noche, la chica apoyó la palma de su mano en el cristal de la ventana y miró a lo lejos. Su mirada parecía cansada y observaba a la luna, apenada. Aquella noche, él sintió que observaba a otra luna tan inalcanzable como la que brillaba entre estrellas.
domingo, 1 de enero de 2012
Luna, ven a mí
Una vieja foto desgastada y quemada era proyectada contra la pared. Y allí estaba ella, diez años atrás. Tenía las mismas ojeras y los mismos ojos inquietos que apenas dormían para beber del mundo. Y sus manitas sucias agarraban la arena del suelo, aferrándose a la tierra y la hierba.
Mirando aquella imagen fue consciente de que era igual que aquella chiquilla, quizás algo menos inocente, quizás algo más sabia. Pero seguía siendo como aquella chica famélica que parecía una niña de la calle, una niña del bosque, corriendo entre las raíces.
Y se miraba ahora al espejo, con las mismas ojeras y sus manos imperfectas y descuidadas. Con ojos insatisfechos a pesar de que, si lo pensaba, lo tenía todo. Y allí lo veía claro: tenía dos vidas, la que le ofrecía su reflejo, la que desde que era pequeña le vendieron como perfecta, la que llevaba años labrando y de la que comenzaba a ver los primeros frutos de su sudor y esfuerzo; y la otra vida, la que se escapaba por la ventana. La que se ocultaba bajo el marrón de sus iris y que se encendía alazán con el fuego del sol. La que le seducía con abandonarlo todo, porque lo que tiene ahora no es lo que desea, lo que necesita. La que le suplicaba que se arrancase las botas de los pies y salir corriendo descalza por la tierra hasta llegar allí donde nadie la conociera. Allí donde pudiera quitarse sus ropas compradas con dinero y vestirse con lo que encuentre. Allí donde sea una más, un granito más de la arena que pisa. Allí donde encuentre la felicidad en los rostros ajenos. Allí donde encuentre paz, unidad y a su muerte, sienta que hizo lo correcto, que su tiempo en la Tierra no fue gastado únicamente para su propio bienestar.
Mirando aquella imagen fue consciente de que era igual que aquella chiquilla, quizás algo menos inocente, quizás algo más sabia. Pero seguía siendo como aquella chica famélica que parecía una niña de la calle, una niña del bosque, corriendo entre las raíces.
Y se miraba ahora al espejo, con las mismas ojeras y sus manos imperfectas y descuidadas. Con ojos insatisfechos a pesar de que, si lo pensaba, lo tenía todo. Y allí lo veía claro: tenía dos vidas, la que le ofrecía su reflejo, la que desde que era pequeña le vendieron como perfecta, la que llevaba años labrando y de la que comenzaba a ver los primeros frutos de su sudor y esfuerzo; y la otra vida, la que se escapaba por la ventana. La que se ocultaba bajo el marrón de sus iris y que se encendía alazán con el fuego del sol. La que le seducía con abandonarlo todo, porque lo que tiene ahora no es lo que desea, lo que necesita. La que le suplicaba que se arrancase las botas de los pies y salir corriendo descalza por la tierra hasta llegar allí donde nadie la conociera. Allí donde pudiera quitarse sus ropas compradas con dinero y vestirse con lo que encuentre. Allí donde sea una más, un granito más de la arena que pisa. Allí donde encuentre la felicidad en los rostros ajenos. Allí donde encuentre paz, unidad y a su muerte, sienta que hizo lo correcto, que su tiempo en la Tierra no fue gastado únicamente para su propio bienestar.
A veces se sentía tan egoísta que sólo cabía la aversión en ella.
Aversión e injusticia infinita por no agarrar la ventana y saltar por ella.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Pesadilla
Como en una de esas pesadillas en las que no puedes escapar de tu perseguidor, en esta Ella corría pero no podía alcanzarte.
Y, de repente, con un terrible estruendo, unas lanzas de hielo cayeron desde arriba hasta clavarse en el suelo, cortándole el paso. Cuando se recuperó del sobresalto, Ella intentó encontrar la forma de atravesarlas, pero las agujas de hielo crecieron, fundiéndose entre ellas y formaron una gruesa pared sin grietas que ascendía hasta aislarla.
Ella gritó, las golpeó, pero la imperecedera pared de hielo ni siquiera llegó a tambalearse. Abatida, colocó las manos contra el frío muro e intentó ver a través de él. Y allí estabas tú. Habías detenido tu huida y mirabas hacia atrás sin compasión alguna. Ella te gritó, te llamó, te suplicó, pero tú tan solo te diste la vuelta y seguiste corriendo, alejándote de Ella.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Nudos
Sus cabellos le buscaban, desafiando al viento, meciéndose en su contra. Y allí, a su lado, ondulaban y se peleaban para estar más cerca de Él.
Sus dedos danzaban por su cuerpo para encontrar el lugar donde aferrarse y no volver a soltarse.
Ella sólo quería dejar atrás los gritos y la penumbra para llegar a sus brazos, y enredarse con Él hasta no saber dónde acababa uno y donde empezaba el otro.
Se maldecía por no haber escuchado al marinero
que de pequeña le enseñaba a hacer nudos.
que de pequeña le enseñaba a hacer nudos.
Y ahora se preguntaba cuál de ellos podría atarla
para permanecer a ti siempre anclada.
para permanecer a ti siempre anclada.
martes, 29 de noviembre de 2011
Hambre de ti
Y cuando se terminó el yogur, comenzó a comerse la noche con la cucharilla, esperando que quizás, y sólo quizás, conseguiría por fin acortar la distancia que la separaba de ti.
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