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domingo, 15 de marzo de 2026

Experiencia

Hacía años. Muchos, muchos años, había aprendido a amar el café frío. No frío por ponerle hielo a un vaso grande, de tubo. No era un frío intencionado. Era el frío que se cuela por la rendija de una puerta que no aísla del todo, creando una corriente que se arremolina en tus tobillos. Era el frío que crece en tus ojos justo antes de que se empiece a derramar una lágrima no deseada. Era el frío que dejas de sentir cuando te encuentras acurrucada en la más muerta de las apatías.

Los años, que le habían regalado canas, también le habían regalado calidez para enfrentarse al frío. Ahora, era capaz de amarlo, porque había aprendido a comprenderlo. Ahora se ponía un cárdigan holgado que le tapaba incluso las piernas. Ahora, calentaba su café con un posavasos eléctrico. Ahora, había aprendido a entender su frío. Entendía que la solución no se encontraba en aprender a eliminarlo, sino en abrirle la puerta cuando exigía entrar. En coger el cárdigan y apretar el botón de calor del posavasos justo antes de sentarse frente a él a escuchar lo que tenía que decir. Y después, había aprendido a decirle al frío que tenía que esperar, que este no era su momento. Que lo dejaba coexistir con ella, pero que no iba a dejar que invadiera todos los rincones de su casa. Que, en su espacio, solo tenía hueco a ratos. Y que, por primera vez en su vida, ahora ella era prácticamente capaz de elegir cuándo esos momentos tendrían lugar.


martes, 28 de mayo de 2013

Trozos

Me siento completamente dividida. Siento que soy un conjunto de trozos unidos por hilo irrompible, y cada pedazo tira en una dirección diferente desesperadamente. Me abruma. Me colapsan todas las direcciones que tengo frente a mi -qué deberías hacer, qué quieres hacer, cuál es más importante, cuál no puede esperar, cuál siente que no puede esperar...-

Soy un montón de trozos en el que cada uno no quiere aceptar a los otros. Solo tiran y tiran intentando romper el hilo para escapar, pero el hilo no puede romperse, yo no puedo perder a lo que es parte de mi.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Al cerrar los ojos

A veces lo necesito, lo busco. Me alejo de las personas y me aíslo en un rincón silencioso, sin voces y sin huellas. Y al cerrar los ojos me encuentro en la cima de un faro de grande cristalera, blanco, y con un tejado morado como cielo de un día que muere sobre el océano.
Y allí me encuentro, completamente sola, inspirando con lentitud el olor a sal. Escuchando el arrullo del agua que me canta y contemplando la trayectoria del sol y de las estrellas.
Pero cada vez que voy a ese faro la luz está apagada. Es lo que más agradezco de aquel lugar. Es el faro apagado, la apagada necesidad. 
Es la tranquila soledad.

lunes, 30 de abril de 2012

Raíles / III.

Estaba de pie en un pasillo vacío del tren, un pequeño y estrecho espacio que comunicaba dos de los vagones principales. Sus ojos recorrían rápidos el paisaje, revoloteando por todos los rincones que se extendían más allá de las ventanas. De repente, una colina cortada apareció, ocultándole la vista. Ella atravesó sus arcillosas entrañas con una mirada de reproche. Por fin, el paisaje renació: largos prados de color ocre y esmeralda, algunos de los cuales tenían la suerte de crecer salvajes y con hermoso desorden; y, en la lejanía, la silueta de una cordillera de montañas contrastaba con la plata del cielo propia de esas horas en las que el Sol ya se había ocultado pero su luz aún pertenece. Unas espesas nubes se suspendían sobre la silueta azulada de las montañas en el contraluz de aquella bella imagen que ella deseó inmortalizar.

sábado, 21 de abril de 2012

II.

Una mujer bailaba desnuda en un cuadro de la pared, sonriendo a quien pasara.
De repente, las luces se apagaron y las cortinas descubrieron las ventanas.
El suelo se cubrió de hojas caídas y la bañera se llenó de flores secas.
El cuadro se quedó vacío, sólo el viento jugaba en la casa.

sábado, 24 de marzo de 2012

I.

Terminó descubriendo nuevos sabores en el café cuando éste se quedaba frío. Desde entonces, esperaba a que el calor escapara de la taza antes de beberlo.