martes, 18 de septiembre de 2012

Aguas negras

El barco surcaba las aguas negras y rompía el reflejo de la luna de la superficie. En la cubierta ella, arropada y abrazada por la tela de su chaqueta, observaba las parpadeantes luces de la ciudad, ya lejana.
La puerta a sus espaldas se abrió silenciosa. Él se aproximó a ella y sus brazos rodearon su espalda. Los labios color carmín de ella sonrieron de forma secreta, pues en aquella noche guardaba un secreto con aquella luna vieja.
Un secreto y una promesa llevados el viento de la noche.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Quimera

A través de la fotografía, la observaba desde lo alto. Los lunares de sus hombros formaban pequeñas constelaciones de estrellas en su piel morena. Sus ojos canelas eran surcados por espesas pestañas negras como nubes que rozan dos lunas. Sus delgadas orejas casi eran tapadas por los mechones de cabello que navegaban por su espalda descubierta. Su cabello, sus ojos y su piel se iluminaban con la luz de aquel instante del pasado. 
Las manos del joven sostenían aquella vieja fotografía, y sus ojos, tan distintos de los de aquella mujer, recorrían cada detalle. Había algo, pensaba. Aquella mujer tenía algo que no era capaz de llegar a comprender. Y, aunque se lamentaba con la certeza de que nunca llegaría a averiguarlo, bebía de cada una de las miradas que compartían. Pasaba las horas encerrado en su cuarto sintiendo como anidaban mariposas en su estómago cuando ella le miraba como nunca nadie lo había hecho.

lunes, 20 de agosto de 2012

Relato de un fantasma

Hoy quería rescatar este texto que escribí hace tiempo en otro blog. 
Siempre le tuve un cariño especial y quería recordarlo:

Ella permanecía quieta en el aire. Sabía que el viento agitaba todo a su alrededor, pero en realidad todo estaba muy quieto. En aquel lugar todo estaba quieto, incluso cuando se movían en aquella bruma sin color.
A veces recorría las calles de lo que antes fue para Ella una agitada ciudad, aunque quizás ahora fuera diferente, no tenía forma de saberlo. Notaba cómo más de Ellos pasaban a su lado, sin prestarle atención. Tampoco es que le importara. Ellos iban vagando al igual que Ella.
Volaba sobre las aceras sorteando a los Otros que caminaban por las calles. La única forma de distinguir a las formas de Ellos de la de los Otros es por su actitud. No podía escuchar qué decían los Otros, en aquel lugar estaba todo callado. Tampoco podía distinguir sus rostros. En aquel lugar nadie tenía rostro. Los Otros caminaban siempre con prisas de un lado para otro, cruzando las calles corriendo entre el tráfico. Y si se detenían o si comenzaban a andar de nuevo, era siempre por un propósito. Ellos no tenían nada que hacer, nunca hacían nada. Solo vagaban. Sorteaban y vagaban.

-Me gustaría poder sentir el viento- dijo uno de Ellos en algún momento, quizás hablando consigo mismo. Ella se detuvo un instante, dejándose mecer por la espesa bruma.
Silencio...
-Quierría volver a oler algo, quizás un jazmín el flor, o quizás la comida antes de llevármela a la boca. Querría comer algo de nuevo- comentó otro de Ellos casi para sí mismo.
Silencio...
-Me gustaría mirar a alguien a los ojos. Unos ojos verdes, vivos. Recuerdo unos ojos verdes, pero no se a quién pertenecían. Ya no recuerdo nombres...- señaló otro.
Silencio...
-Colores... echo de menos los colores- susurró otro.
Silencio...
-Lo que más echo yo de menos- dijo Ella hablándole a nadie en concreto- es el sonido de los latidos de un corazón.
Se balanceó sobre sí misma un rato. Puede que fuera mucho, puede que fuera poco. Quizás pensando en algo, quizás sin pensar en nada. Quizás alguien más estuviera hablando, Ella no se enteró de nada.
Silencio...
Volaba de nuevo sobre las aceras sorteando a los Otros que se caminaban por las calles.
Notaba cómo más de Ellos pasaban a su lado, sin prestarle atención. Tampoco es que le importara. Ellos iban vagando al igual que Ella.
Solo vagaban... sorteaban y vagaban.

La mujer salvaje

Es ella. La que nunca fue domada. La que camina y te mira, atravesándote con sus ojos oscuros llenos de fuerza. Sus pies no dudan. Si tiene miedo, no le asusta mostrarlo. Si siente ira, la libera. Cuando llega, si ella quiere, todos callan. Si hay música, ella le da ritmo y si ella quiere, la música para.


Inspirado en Sara Baras (La Pepa)

miércoles, 20 de junio de 2012

El hombre que ignoraba demasiado

Desde su trono de hielo contempla la ventisca a través de la ventana.
Con sus helados ojos observa atentamente el mundo exterior.
En sus aposentos, la chimenea cultiva ceniza;
las velas se consumen sin apenas cera.
Allí acumula sus tesoros: objetos brillantes, extraños;
muy antiguos o muy nuevos; recuerdos de sus conquistas, 

palabras de amor de extrañas en papeles agrietados.
Los libros y más libros, alimentados con polvo y con su mirada atenta,
son estudiados por el hombre que ignoraba demasiado.
Escudriña en ellos en busca de sabiduría para entender lo que afuera crece.
Se cree las palabras que se traga con sus ojos de hielo
sin más pruebas que la tinta sobre el pergamino.
Hombre ignorante sin saberlo,
creyendo que comprendía todos los misterios del universo.
Por ello, todas sus decisiones debían de ser las correctas,
pues no habría nadie más culto en todos los temas. 

Y, aunque se equivocaba, nunca llegaría a ser consciente de ello. 
Había olvidado aprender de la vida, 
olvidando cómo se vive, si es que aquello existía.
Olvidando cometer errores, pues nunca se atrevía.
Era el Rey de las oportunidades perdidas,
pues era, además, el hombre que nunca había amado, aunque sí había sido amado.

Y mientras él miraba con desdén a los aldeanos,
que eran gobernados por la vida, ellos le temían,
pues no comprendían cómo un hombre podía parecer tan poco humano.
Era el hombre que ignoraba demasiado.

martes, 12 de junio de 2012

Nuestra propia Roma

A veces un imperio no cae 
a manos de invasores enmascarados
 que escalan sus murallas 
o a causa de fuegos que se extienden 
o de inundaciones crecientes. 
A veces se muere por dentro.

Y así murió nuestro propio Imperio: no hubo guerra, no hubo inundaciones ni llamas que nos quemaran vivos mientras todavía perdurábamos. 
Nos moríamos poco a poco de hambre, marcando más y más las costillas contra la pálida piel. Nos apretábamos el cinturón para sostener las apariencias. Nos engañamos insistiendo en que nuestra enfermedad no nos roía los huesos, pero en realidad nos consumimos con el tiempo, con cada respirar. 
Fue la inestabilidad de nuestro gobierno, nada de presión externa, sino el descontento del pueblo.
Fueron siglos de debilidad y agonía, o eso me lo parecieron.
Fue la caída de nuestro Imperio Romano.

martes, 29 de mayo de 2012

Exigencias

Algunas personas siguen creyendo que las flores crecen por sí solas. Otras incluso insisten cada día para que éstas formen más y más hermosos pétalos, de vivos colores y redondeadas formas. Insisten  incluso cuando la planta decide escavar hondo y tragar tierra para encontrar el agua que necesita.

Años después, creo yo, la planta estará tan resquebrajada que se partirá con la primera tormenta de verano y no sobrevivirá al próximo invierno.
Lo hermoso de esta historia será verla resurgir de aquellas raíces que, aun así, decidió formar. Como la hierba que nace de la capa de nieve, como la vida que reaparece con cada primavera.

jueves, 24 de mayo de 2012

Acecho

Es... como una burbuja brillante en la que los colores se pierden los unos en los otros. Todos quedan deslumbrados por ella. Por su vuelo independiente, por su apariencia salvaje y su indomable carácter que, al herirles con sus frías e inesperadas puñaladas, les atrae todavía más a ella.
Es una falsa ilusión, en la que los extraños caen en la trampa al ver a los atrapados. Asombrados por la fascinación que sienten por ella, la miran y ven una fascinante mentira. Pero lo peor es que se la creen sin haberla formado ellos mismos. Y así, más y más peces caen en la red de agujeros suficientemente grandes para que escapen por ellos, pero suficientemente engañosos como para que no sean conscientes de ello.

lunes, 14 de mayo de 2012

Llueve, Lluvia

Sólo quiero volver a casa a llorar a mi piano. Que él me escuche y me consuele, y que luego me cante hasta que me quede dormida.

Ya es demasiado tarde para quererte, a ti, tus disculpas o tu cambio.
Que llueva, que llueva tanto que nazca un río entre nosotros. Rápido y fuerte. Tan profundo que no puedas cruzarlo. Tan aterrador que me de miedo mirar hacia atrás.

Tan sencillo como suena esto. 
Pero la realidad no es así de fácil ni nuestra melodía tan clara.

Y tú, extranjero. No me preguntes, no me consueles. No quiero nada. Déjame un tiempo.
Lluvia, llueve.

domingo, 13 de mayo de 2012

¿?

Míranos, ¿es que no nos ves?
Escúchanos, siéntelo.
Sin ser consciente te quedas mirando esa foto en la que nos miramos el uno al otro, profundamente, de alma a alma. ¿Recuerdas cómo te sentías en ese instante?
Rescátalo, saboréanos. Somos el olor a verano. Somos la primera lluvia de primavera. Somos la marea que rasga las rocas. Somos esa fuerza que pararía el tiempo. Somos la brisa que juega entre nuestras manos. Somos el sabor de la sal en los labios y la caricia de la hierba sobre la que nos recostamos. Somos las estrellas a las que admiramos.
Somos las horas del mar, que no acaban, que giran y giran, sin gastarse.


You're -only- in my head...